martes, 1 de diciembre de 2009

El mirador del bendito Ricardo Sanz





La primavera temprana de Nerja se deja sentir en el aroma a azahar de los naranjos de la plaza Cantarero. Miro hacia el pico de la Maroma y respiro profundamente, luego vuelvo mi mirada al suelo para seguir barriendo, pero el escobazo que he soltado, se para en seco, de la alcantarilla asoma una pequeña flor amarilla, "no seré yo quien acabe con ella", me digo, y me inclino para mirar a través de la reja el milagro. Una lágrima se me escapa y cae por el desagüe urbano. Cada brizna de hierba -dice el Talmud tiene un ángel que se inclina sobre ella y le susurra: crece, crece". Reparo en esa semilla que fue a parar a la alcantarilla, admiro su coraje para deshacerse de la coraza en la que podría haberse mantenido encapsulada cientos, quizás miles de años; siento sus raíces ahondándose en lo oscuro y lo umbrío; acompaño al blando tallo en su crecimiento hacia la luz de¡ sol y aprendo de esta planta su aceptación de todos los desafíos y peligros con tal de convertirse en aquello en lo que está destinada a ser; me maravilla su comunicación con la existencia, con la humedad del detritus humano, con esa grieta en el cemento que ha aprovechado para crecer.

La planta no califica su situación de buena o mala, no pierde el tiempo y su energía en lo que hubiera podido ser si hubiera nacido en un hermoso valle, en la ladera de una bella montaña o en un jardín zen; ella está en comunión con todo lo que la rodea, todo lo acepta y se da entera en esta pequeña flor amarilla. Por eso me arrodillo en el suelo para olerla y detrás del pestazo a cloaca percibo una fragancia que no se capta con la pituitaria, si no con el corazón, esa fragancia que dejan las hadas cuando se cruzan en mis días. Inspiro hondo ese aroma y sigo barriendo, bajo un radiante sol llueven flores en mi interior y celebro la primavera eterna que ha despertado en mi ser esta anónima flor. El crecimiento del ser es interior y sólo alcanza su plenitud en el amor.


REVISTA SE LECTOR 2009

martes, 24 de noviembre de 2009

RANAS DE WIKIPEDIA


Ruido de agua



La observación de la naturaleza ha sido, desde siempre, una fuente de inspiración para miradas y corazones sensibles y, también, para personas preocupadas por su conservación. A finales del siglo XVII, el maestro Bashô compuso el haiku más famoso de la literatura japonesa, cuando observó una escena parecida a la de esta fotografía

Un viejo estanque,
se zambulle una rana,
ruido de agua.


El haiku es un poema breve japonés de 17 sílabas, repartidas en tres versos sin rima, que describe un acontecimiento, a menudo trivial, que llama la atención del poeta. Los protagonistas son la naturaleza, la realidad, lo que perciben nuestros sentidos, lo que está sucediendo en este lugar y en este momento, en palabras del propio Bashô. Estas imágenes se asocian a sentimientos nostálgicos, humorísticos e incluso filosóficos y religiosos, procedentes estos últimos del budismo zen. En occidente esta delicada forma de escribir empezó a influir seriamente a principios del siglo XX, y a plumas tan relevantes como las de D.H. Lawrence o la del irlandés James Joyce, entre otros. Todos ellos buscaban en el haiku la esencia concentrada de la poesía pura.

¿Por cuánto tiempo seguiremos escuchando zambullidas de rana? Nuestros anfibios no están pasando por un buen momento. La transformación del medio y la pérdida de masas de agua por descenso del nivel freático y su contaminación por pesticidas, la destrucción o quema de la vegetación ribereña, su captura y comercio como mascotas o para fines medicinales, el calentamiento global, las deformaciones y muertes provocadas en los huevos y adultos por el aumento de las radiaciones ultravioletas a causa de la destrucción de la capa de ozono y la aversión que todavía estos animales tan útiles provocan en muchas personas están poniendo en serio peligro de desaparecer a muchas de estas especies en el planeta. Sentémonos en la ribera, luchemos para que el agua pueda seguir hablándonos.


TEXTO Y FOTOGRAFÍA: Francisco Márquez Ranita de San Antonio, en humedales de Toledo.

REVISTA INTEGRAL 2009

jueves, 19 de noviembre de 2009

EL ION O EL ORIGEN DIVINO DE LA POESÍA.

MOMENTOS DE UN DIÁLOGO PLATÓNICO



SÓCRATES.- Yo lo , Ion (...) Este don de hablar bien sobre Homero es, en ti, no un arte, como ya te decía hace un rato, sino una fuerza divina. Ella es la que te impulsa y pone en movimiento, como ocurre con la piedra que Eurípides denominó magnética, y que comúnmente se llama Heraclea. Esta piedra no solamente atrae los anillos de hierro, quedando en ellos mismo su acción, sino que comunica anillos, de manera que a veces se ve una larga cadena de anillos de hierro colgados unos de otros de esta manera. Y la fuerza de todos depende de aquella piedra. Exactamente igual, la Musa hace por sí misma inspirados y por medio de estos inspirados hay otros que experimentan el entusiasmo: se forma así una cadena. Todos los poetas épicos, en efecto, los buenos poetas, recitan todos esos bellos poemas, no precisamente gracias a un arte, sino por estar inspirados por un dios y por estar poseídos de él. Otro tanto hay que decir de los buenos poetas líricos: de la misma manera que las gentes que son presa del delirio de los coribantes no son dueñas de su razón cuando danzan, así tampoco los poetas líricos son dueños de su razón cuando componen esos bellos versos; desde el mismo momento en que han puesto el pie en la armonía y en el ritmo, son arrebatados por transportes báquicos, y bajo la influencia de esta posesión, semejantes a las bacantes que, cuando están poseídas de su furor, beben miel y leche en los ríos, cosa que no hacen cuando son dueñas de su razón, eso mismo hace también el alma de los poetas líricos, como ellos mismos lo dicen. Los poetas, en efecto, nos dicen que ellos liban sus versos en fuentes de miel, en ciertos jardines y valles de las Musas, para traérnoslos a la manera en que lo hacen las abejas, y esos mismos revolotean a la manera de estas, ¿no es verdad? Y ellos dicen verdad: el poeta es una cosa ligera, alad a, sagrada; él no está en disposición de crear antes de ser inspirado por un dios que se halla fuera de él, ni antes de haber dejado de ser dueño de su razón; mientras conserva esta capacidad o facultad, todo ser humano es incapaz de realizar una obra poética, como no lo es de cantar oráculos. Por consiguiente, al no ser en virtud de un arte por lo que ellos realizan su obra de poetas, diciendo tantas cosas bellas sobre los temas que tratan, igual que te ocurre a ti con Homero, sino en virtud de un privilegio divino, ninguno de ellos es capaz de componer con éxito más que en el género en que es impulsado por la Musa: uno en los ditirambos, otro en los encomios: este en las pantomimas, el otro en la epopeya, aquel de más allá en los yambos; y, en lo demás, cada uno de ellos es sólo mediocre. Porque ellos no hablan así a consecuencia de un arte, sino en virtud de un privilegio divino, ya que si ellos supieran hablar de un tema con soltura en virtud de un arte, ellos lo sabrían hacer también respecto de los demás temas. Y si la divinidad los priva de la razón, tomándolos como servidores suyos, como hace con los profetas y los adivinos inspirados, es para enseñarnos, a nosotros los oyentes, que no son ellos los que dicen cosas de tanto precio y valor -ellos no son dueños de su razón-, sino que es la misma divinidad la que habla y la que se hace oír de nosotros por intermedio de aquellos. La mejor prueba para confirmar nuestra tesis es Tinnico de Calcis. Nunca ha escrito él ningún poema que se pudiera juzgar digno de memoria, exceptuando el peán ese que anda en todas las bocas, quizá el más bello de todos los poemas líricos, un verdadero "hallazgo de la Musas", como él mismo dice. A través de este ejemplo, más que por ningún otro, la divinidad, a mi ver, nos demuestra, a fin de acallar y prevenir nuestras dudas, que estos bellos poemas no tienen un carácter humano y no son obra de los hombres, sino que son divinos y provienen de los dioses, y que los poetas no son otra cosa que los intérpretes de los dioses, estando cada uno de ellos poseído por aquel de quien recibe la influencia. Para demostrar esto es por lo que la divinidad ha hecho adrede que el más bello poema lírico fuera cantado por la boca del poeta más mediocre. ¿No crees tú, Ion, que tengo razón?
Arriba, en presentación, detalle de Platón en el famoso cuadro de Rafael Sanzio, "La escuela de Atenas", donde Platón, a diferencia de Aristóteles indica para arriba, señal de la orientación de su pensamiento hacia una trascendencia espiritual y celeste.

ION.- Sí, por Zeus, lo creo así. Tus palabras me llegan al alma, Sócrates, y pienso que es gracias a un privilegio divino por lo que los buenos poetas están de esta manera junto a nosotros haciendo las veces de intérpretes de los dioses.
SÓCRATES.- Vosotros los rapsodas, por vuestra parte, interpretáis las obras de los poetas, ¿no es así?

ION.- También en eso dices verdad.

SÓCRATES.- Por consiguiente, vosotros sois intérpretes de interpretes, ¿no?
ION.- Exactamente.
SÓCRATES.- Pues bien, Ion: háblame aún y responde sin ocultar nada a mi pregunta. Cuando tú recitas de manera conveniente unos versos épicos, y causas en los espectadores la impresión más profunda, bien sea que cantes a Ulises saltando sobre el suelo, descubriéndose a los pretendientes y esparciendo las flechas a sus pies, o bien a Aquiles lanzándose sobre Héctor, o alguno de los pasajes patéticos sobre Andrómaca, Hécuba o Priamo, ¿eres tú entonces dueño de tu razón? ¿No estás más bien fuera de ti, y tu alma, transportada de entusiasmo, no cree asistir a los sucesos de que tú hablas, bien sea en Itaca, en Troya o en cualquier lugar en que se desarrolle la escena?

ION.-¡ Que prueba tan definitiva acabas de darme, Sócrates! Voy a hablarte sin mentirte nada. En lo que a mí respecta, cuando recito algún pasaje patético, mis ojos se llenan de lágrimas; si lo que recito es un pasaje temible o extraño, del miedo que siento se me ponen de punta los cabellos y el corazón me late con fuerza.

SÓCRATES.- Pues bien, Ion: ¿hemos entonces de decir que es dueño de su razón este hombre que, adornado de una vestidura colores variados y de coronas de oro, se pone a llorar en los sacrificios y las fiestas, sin haber perdido ninguna de estas joyas, o bien experimentando un miedo raro delante de más de veinte mil personas que están bien dispuestas para con él, aun cuando nadie le despoje de nada ni le haga el menor daño?

ION.-No, ¡por Zeus!, Sócrates; de ninguna manera es dueño de su razón si hemos de decir toda la verdad.

SÓCRATES.-¿Y tú sabes que sobre la gran mayoría de los espectadores producís vosotros los mismos efectos?

ION.-Lo sé muy bien. Desde lo alto de mi estrado, los veo cada vez llorando, echando miradas amenazadoras y permaneciendo, como yo mismo, pendientes de mis palabras. Lo sé porque me siento bien obligado a observarlos atentamente: si los hago llorar, yo reiré, recibiendo el dinero, mientras que si los hago reír, soy yo quien va a llorar entonces perdiendo mi salario.



La poesía es incandescencia de la vida interior

"Toda mi vida canto, y canto como respiro", le asegura un esquimal al explorador Knud Rasmussen. La poesía resopla en todos los ventisqueros de la vida cotidiana de los llamados pueblos primitivos. Para la diversidad de estas culturas la cadencia poética es tan indispensable como el aire. La poesía popular suele ser esencialmente religiosa. Guenon observa que la palabra latina carmen (canto) proviene de la palabra sánscrita karma (rito). El cantar poético es puente o tránsito hacia la divinidad. Los nahuas del Antiguo México creen que lo poético es la expresión de Dios en la tierra. El fluir poético puede fundirse con la danza y la música, como en el caso de los tarahumaras (también de México) cuya danza devocional dura dos noches. Las "Danzas del Venado" de los yaquis comunican el mundo natural y el sobrenatural. En las primeras estrofas se alude a un hecho del mundo físico; en la segunda estrofa se presenta este suceso en el mundo místico llamado "Tierra Florida", ubicado debajo del Amanecer.

La poesía es incandescencia de la vida interior. Los maidu de California dicen: "No se necesita la luz de las hogueras porque se tiene la luz interior". Y la poesía de los pueblos puede expresar soledad, un sentimiento de abandono. En muchos de sus poemas, los pigmeos se lamentan diciendo que Dios los ha abandonado. Los poemas impregnados de belleza sacra pueden proceder de los sueños. Sioux y guaraníes aseguran que sus poemas sagrados nacen de los sueños. En las Islas Fiji el sueño es incursión en el mundo de los espíritus. Allí se ofrecen los poemas, o estos pueden brotar de trances hipnóticos como en las Danzas del Espíritu de los indios arapos.

Algunos poemas sólo pueden ser dichos por una persona en especial, por su propietario exclusivo; o puede ser pronunciado únicamente en el momento de la muerte. Algunos movimientos artísticos de vanguardia hablan de la recuperación de la materialidad del lenguaje verbal o musical. El lenguaje que vale más por su condición material o sensorial que por el plano del significado. Mucho antes de estas búsquedas filosóficas modernas, los yámanas de Tierra del Fuego componían cantos de sonidos, sin significado conceptual. Lo sonoro como expresión de gozo o sorpresa. Algunos creen que estos quizás sean los cantos más antiguos de la humanidad.

La poesía primitiva distingue niveles de recepción. Los guaraníes creen que muchos cantos son comprensibles para todos, pero otros sólo podrán ser entendidos por unos pocos. El lenguaje también se diversifica. Hay un lenguaje religioso (con "las palabras de los situados arriba de nosotros") que es válido entre ancianos y ancianas que han recibido revelaciones de la comunidad, y existe un lenguaje secreto compuesto por escasas oraciones y palabras que sólo se revelan a los iniciados. E incluso existen "los cantos verdaderos" de una profundidad y sacralidad que los hace incomprensible para sus cantores.

La continuidad tradicional de la poesía de los pueblos es también parte de su esencia medular. Los araucanos destacan que sólo la oralidad conserva la inspiración y espesor del canto. La palabra escrita pierde, disgrega.

La poesía ancestral alimenta el verbo de la diversidad de los pueblos y culturas. Y también manifiesta la universalidad del canto poético como oración religiosa, como fuerza hechicera de curación o como revelación del mundo sobrenatural.

En este primer momento de Revista Kenos 2, deseamos contribuir a la percepción de la diversidad cultural mediante las cadencias de la antigua poesía popular. Todos los poemas que presentamos aquí proceden del tesonero esfuerzo recopilador del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Mediante una búsqueda de varios años, logró reunir en un solo y especial libro poético muchos de los líricos frutos de ancestrales pueblos de todos los continentes.

Aquí incluimos poemas de los pueblos cunas (Panamá); esquimales; galas, pigmeos (África); navajos y sioux (América del Norte); guaraníes (Paraguay); Yamanes (Tierra del Fuego); Miskitos (Nicaragua); y yaquis (México).

La diversidad de los pueblos canta una sola música sagrada.

Esteban Ierardo






http://www.temakel.com/trdpoesiapueblos.htm

martes, 17 de noviembre de 2009